Reflexión para el Martes, 22 de abril de 2025
Semana de la Octava de Pascua
Del llanto a la misión: La Resurrección que nos nombra
Lecturas del día:
- Hechos 2, 36-41
- Salmo 32, 4-5.18-19.20 y 22
- Juan 20, 11-18
En el corazón de la Pascua, las lecturas nos invitan a pasar de la desesperación a la esperanza, y del silencio a la proclamación. Un mensaje urgente para una Iglesia llamada a ser testigo de la Vida.
Hechos 2: Palabras que traspasan el corazón
Pedro, transformado por el Espíritu, confronta a la multitud: «Aquel a quien crucificasteis, Dios lo ha hecho Señor y Mesías» (Hch 2,36). Sus palabras no son un reproche, sino una invitación a la conversión. La respuesta es inmediata: «¿Qué tenemos que hacer?» (v.37). La fe auténtica no se conforma con rituales; exige un cambio radical de vida.
Pregunta clave: ¿Permitimos que la Palabra nos «traspase» hoy, cuestionando nuestras indiferencias o complicidades con el mal?
Juan 20: Cuando Jesús pronuncia nuestro nombre
María Magdalena llora ante el sepulcro vacío. Sus lágrimas la ciegan hasta que Jesús la llama: «¡María!» (Jn 20,16). En ese instante, el Resucitado convierte su dolor en misión: «Ve a mis hermanos» (v.17). La Pascua no es un final feliz, sino un nuevo comienzo. Como María, estamos llamados a reconocer a Cristo en lo inesperado y anunciarlo sin miedo.
Contraste actual: ¿Buscamos a Jesús entre rituales y tradiciones, o lo encontramos en el rostro del excluido que clama justicia?
Salmo 32: La misericordia que sostiene
El salmista canta: «La misericordia del Señor llena la tierra» (Sal 32,5). En un mundo marcado por el hambre, la violencia y la soledad, este canto nos recuerda que Dios no abandona a quienes confían en Él. La Resurrección es la prueba máxima: ni la muerte pudo vencer al Amor.
Reflexión: ¿Vivimos como si la misericordia fuera un concepto abstracto, o la encarnamos en gestos concretos?
Octava de Pascua: Tiempo de ser testigos creíbles
Las lecturas nos desafían a:
- Convertir el lamento en anuncio: Como Pedro, hablar con valentía aunque incomode.
- Escuchar nuestro nombre en la voz de Dios: Dejar que Cristo rompa nuestras cadenas de miedo o autosuficiencia.
- Ser reflejo de la misericordia: Llevar esperanza a quienes viven su propio «sepulcro vacío» (desempleo, enfermedad, soledad).
Acciones concretas
- Rompe un prejuicio: Acércate a alguien que hayas juzgado sin conocer su historia.
- Comparte tu experiencia de fe: Escribe o habla sobre un momento en que sentiste a Cristo resucitado en tu vida.
- Actúa con misericordia: Visita a un enfermo, dona alimentos o simplemente escucha a quien necesita ser escuchado.
Oración
«Señor Resucitado, que hoy, como a María, pronuncies nuestro nombre y nos envíes a sanar las heridas del mundo. Que nuestra fe no se quede en lágrimas, sílabas vacías o ritos fríos, sí en fuego que enciende caminos de vida. Amén».
Autor: Acólito Luis, inspirado en las reflexiones de Fray Salustiano Mateos Gómara O.P.
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)



